Centro para el Desarrollo de la Familia | La ley del camaleón
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La ley del camaleón

bendiciendo

22 oct La ley del camaleón

En las compañías se enseña la supervisión y gerencia sobre la “Ley del camaleón”. El camaleón es una especia de lagartija que tiene la habilidad de camuflarse según el ambiente en que se encuentra, el camaleón se ajusta a los colores de ese paisaje. Un camaleón en un ambiente de mucha vegetación se tornará verde. Si se encuentra en un ambiente de muchos árboles secos, se tornará de color marrón. Si estuviera en pedregales de un río, tomará un color algo negruzco.

Esta ley aplicada a empleados de una compañía dice que si continuamente le hablas del potencial que ellos poseen para hacer un mejor trabajo, los alabas, y los animas expresándoles que pueden llegar más lejos en cuanto a calidad, etc., ellos comenzarán a esforzarse para cumplir con las expectativas que su jefe tiene de ellos. El jefe crea la expectativa (el ambiente) y el empleado se ajusta conforme a la expectativa que se tiene de él.

A veces las personas no creen que tengan determinadas capacidades, pero si alguien cree en ellos lo suficiente y los entusiasma a intentarlo, puedes descubrir, para su propia sorpresa, que sí podían con esas responsabilidades y niveles de productividad.

Cuando los padres utilizan la Ley del Camaleón en la vida de sus hijos, obtienen resultados sorprendentes. Recuerden que somos más importantes para la vida de nuestros hijos, que un jefe para la vida de sus empleados. Si los empleados responden positivamente, cuanto más nuestros hijos al ser halagados y alabados. Sentirán la necesidad de caminar a la altura de las expresiones de admiración recibidas de sus padres.

Esto será siempre y cuando nuestras expectativas sean de amor, y además realistas y justas. Ya que hay padres que se tienen unas altas expectativas de sus hijos pero la motivación es el orgullo.

Por ejemplo: La necesidad de competir con otros padres de niños inteligentes. Esto por lo general desencadena una presión demasiado fuerte sobre los hijos, y aunque los alaban por su inteligencia, sin embargo, este halago se manifiesta en un contexto de regaños, con una presión desmedida y hasta insultos porque el niño los está haciendo “quedar mal”

Este tipo de padre halaga muchísimo a sus hijos en público y pocas veces en privado. Obviamente, la motivación del halago público es el orgullo. Cuando alaban a sus hijos en público, a quien realmente están alabando es a ellos mismos. Por lo tanto el mejor halago que se puede ofrecer es el que se brinda en la intimidad del hogar; allí, donde nadie te oiga, sino sólo la persona a quien le interesa oírla.

Extraído del curso: “¡Señor, que mis hijos te amen!” del Centro para el Desarrollo de la Familia

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